Ignacio Aguado: «Pienso más en los sueños que en los miedos»

Si la regeneración política empieza por las formas, las de este hombre están dibujadas por la sencillez de quien vive el presente con la convicción de que ha llegado hasta donde está para servir y no para ostentar ningún poder. Cuando empezó a despuntar en este mundo de la gestión de los asuntos públicos algunos le llamaban el doble madrileño de Albert Rivera. No en vano, además de compartir ideología con su líder, en el pasado los dos curtieron su cuerpo y su mente ejercitándose en escenarios vocacionales y duros a la par, como lo son la piscina y las ligas de debate. Pero Ignacio Aguado tiene historia y entidad propia y nos la desgrana en una soleada mañana de invierno en la que el país sigue desnortado, a la espera de saber quién será el próximo presidente de la nación. Son tiempos para el entendimiento y el diálogo, ese que a veces se enroca cuando los interlocutores negocian cuotas y líneas rojas pero que aquí, frente a la cabeza del Grupo parlamentario de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid, fluye con naturalidad.

Fotografía: Juan F. López


Ignacio Aguado¿Qué retrato harías de ti mismo en el momento actual?

Soy bastante parecido a como era antes de entrar en política. Me considero una persona inquieta, interesado en los proyectos colectivos, en intentar ayudar y formar parte de retos comunes. Sigo siendo igual que antes, con la única diferencia de que ahora tengo una gran responsabilidad porque formo parte de un proyecto político, el de Ciudadanos, que es determinante en la Asamblea de Madrid.

Sientes que te observan muchos ojos.

Por su peso, cada decisión o cada medida, cada voto a favor, en contra o abstención, requiere una explicación del porqué se hace, cosa que no le pasa al resto de grupos parlamentarios en la oposición. Eso nos hace ser más responsables si cabe y nos exige un plus de sensatez a la hora de formular propuestas, de controlar al Gobierno siendo contundentes y de intentar llegar a acuerdos con el resto de partidos. Pero pese a tener muchos ojos analizando con lupa cada decisión, en lo que a mí respecta, en definitiva, creo que soy exactamente igual: alguien cercano, comprometido y, sobre todo, ilusionado con el momento político que estamos viviendo ahora mismo. Hace dos años vivía todo esto desde la calle, como un ciudadano más. Ahora lo hago en primera persona, ilusionado y sintiéndome privilegiado por ello.

Tenías un buen puesto en una buena compañía. Sabemos que entraste en política porque no querías ser de los que se indignan y luego no hacen nada. Pero, ¿te costó dar el salto. ¿Has tenido tiempo de arrepentirte o preguntarte: «Por qué me metí en esto»?

La verdad es que no. Entré en política justo por eso, porque estaba cansado de ver siempre los mismos titulares, las mismas caras, las mismas explicaciones. En definitiva, ver cómo los problemas reales de la gente no se solucionaban. Por eso decidí afiliarme a Ciudadanos en junio de 2013. Por aquel entonces éramos 30 personas en toda la Comunidad de Madrid y nos reuníamos en bares, en restaurantes… ¡Donde podíamos! A veces algún amigo o compañero nos dejaba una oficina para juntarnos. Empezamos a crecer muy rápido y en apenas dos años hemos llegado hasta donde estamos. Creo que es un gran logro, un gran éxito sin precedentes que hay que mantener. Ahora tenemos el reto de seguir creciendo, crear una buena estructura a nivel nacional y consolidar un centro político en España que no existía hasta la llegada de este partido.

Toda la vida nos han dicho que la derecha y la izquierda eran como el agua y el aceite, que ser liberal te impedía defender ideas de justicia social.

La mayoría de tus compañeros, como tú, no procedéis de tradición política. Donde algunos ven frescura otros ven inexperiencia. ¿Cómo se suple?

Muchos tenemos inexperiencia en política, venimos del mundo de la empresa, venimos de la Administración, venimos, desde luego, no con una mochila llena de experiencia política. Albert Rivera lo dice mucho: «Nosotros, experiencia política en hacer aeropuertos vacíos y carreteras que van a ningún sitio no tenemos. Pero tenemos experiencia de la vida, de la empresa». En mi caso, de haber dirigido un equipo y haber sido responsable de un gran proyecto dentro de una compañía como Unión Fenosa Gas. Venimos con las ideas claras de lo que queremos que sea la política a partir de ahora y de lo que entendemos que debe ser España también de ahora en adelante.

Tú te formaste una parte importante de tu vida con los jesuitas, que se caracterizan por un modelo educativo basado en la excelencia personal: alcanzar el éxito desde el crecimiento global de la persona. ¿Crees que le falta algo de ese humanismo a la vida y a la política de hoy?

Sí. A veces, y sobre todo, en aquellos que llevan tanto tiempo en política. Se nota que se ha perdido la sensibilidad con los ciudadanos, con la calle; se trata a la gente como números en lugar de como personas. Hay que intentar trasladar la política a la calle, que los ciudadanos nos vean más cercanos, más accesibles; ser simplemente sus representantes sin que eso suponga ni más privilegios ni tener que mirar por encima del hombro, sino todo lo contrario, ser sus servidores y estar trabajando para ellos. Pero, especialmente en los últimos años, se ha producido a la inversa, los políticos pensaban que los ciudadanos estaban su servicio y no al revés. Hay que recuperar esa vocación de servicio público, saber dónde estás, que esto tiene que ser una etapa de tu vida, no vivir para siempre de ello, servir a los ciudadanos y no servirte a ti.

¿Qué te consideras más, soñador o pragmático?

Las dos cosas. Me considero muy pragmático porque me gusta tener siempre los pies en la tierra y saber de lo que somos capaces, lo que podemos hacer, lo que es viable y lo que no. Pero, también, sin sueños no puedes llegar a ningún sitio. Siempre tienes que tener sueños en la vida, sueños personales, sueños profesionales, que son los que deben marcarte tus objetivos. Si no tienes sueños eres una persona plana, sin ambición. Yo creo que es muy bueno tener sueños, hay que tenerlos siempre presentes en la vida, pero sin que te hagan perder los pies del suelo y sabiendo dónde estás en cada momento.

Ignacio Aguado


Desde una simplificación de conceptos, o simplemente con intención de atacar, a Ciudadanos se le reprocha recurrentemente la ambigüedad, el no mojarse. Hay quien no le gusta que pacte con el PSOE, hay quien le recrimina que pacte como aquí en Madrid con el PP. ¿Está nuestro país preparado para un proyecto de centro?

Estamos demostrando que ya estamos preparados para un proyecto de centro político. De hecho, 40 escaños en el congreso así lo acreditan. Y la presencia en 12 parlamentos autonómicos, y más de 1.500 concejales en toda España… Todo esto refleja que una parte importante de la población se ha cansado del discurso del «y tú más» de la derecha y de la izquierda, de los rojos y los azules, y que apuestan por un proyecto de centro político que ofrece soluciones y que no se conforma con el discurso fácil. Yo creo que los problemas de hoy en el mundo no son problemas que se resuelvan con recetas liberales o con recetas socialdemócratas. Se solucionan siendo pragmáticos, precisamente lo que hablábamos antes, intentando poner la mejor solución encima de la mesa, al margen de doctrinas ideológicas. Creo que eso es lo que demuestra el centro político, que se puede ser liberal cuando se requiere, especialmente en términos económicos, y que también se puede tener una sensibilidad especial con los temas sociales y se puede buscar la justicia social y se puede querer vivir en un estado de bienestar con la sanidad y la educación garantizadas, cosas que no son excluyentes. Toda la vida nos han dicho que la derecha y la izquierda eran como el agua y el aceite, que ser liberal te impedía defender ideas de justicia social y nosotros pensamos todo lo contrario, que son complementarias, que para defender la justicia social tienes que tener una economía de mercado que te permita generar ingresos para poder construir un proyecto común sin dejar a nadie en la cuneta.

Cuando te quieras dar cuenta habrá pasado ya un año desde las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015. Decíais entonces que Madrid necesitaba cambio. ¿Se ha logrado? ¿De qué te sientes más orgulloso en lo que va de legislatura?

El cambio más importante es haber entrado en la Asamblea de Madrid, haber entrado en muchos ayuntamientos de la Comunidad y el empezar a tener voz, especialmente en el parlamento autonómico, donde con 17 diputados estamos condicionando todo un gobierno regional. Creo que eso es para sentirse muy orgullosos pero a la vez muy responsables de la labor que tenemos por delante. Nos sentimos razonablemente contentos y satisfechos de lo que llevamos hecho hasta ahora. Hemos firmado un acuerdo de investidura nada más empezar la legislatura, en mayo, con 75 puntos que defienden medidas concretas, sin haber entrado en el Gobierno, sin optar a ninguna silla, a ningún cargo. Simplemente queríamos que el Gobierno se comprometiera a cumplir una serie de puntos y se está haciendo. Ahí hay medidas como la paralización de la privatización en la gestión sanitaria, la paralización de la privatización del Canal de Isabel II, reducir en un 10% las tasas universitarias que han subido tanto durante los últimos años, o un 20% la cuota de escuelas infantiles… Todo eso se ha conseguido gracias, fundamentalmente, a Ciudadanos, a la presión que ejercemos, a la oposición que practicamos y también a la capacidad que hemos demostrado para  pactar medidas tanto con el PP, como con el PSOE o Podemos.

Tengo otras inquietudes en mi vida más allá de la política. Mientras me dedique a ella quiero hacerlo en cuerpo y alma, pero con la libertad de que si un día me desilusiono me podré ir y tener mi profesión.

¿Y qué es aquello que te hubiese gustado conseguir y aún no has podido?

Nos gustaría profundizar aún más en temas de sanidad y educación pública, en que exista una mayor sensibilización por parte del Gobierno con los temas sociales, que no sigan con ese discurso de entender que las personas son números. Ahí fuera, cruzando la puerta de la Asamblea, hay mucha gente pasando auténticos problemas: con todos los miembros de la familia en paro; con situaciones de dependencia en casa o sufriéndola ellos mismos sin que las ayudas lleguen a tiempo o recibiendo cantidades ridículas; personas con hijos a su cargo que han sido despedidas con 45, 50, 55 años y no tienen oportunidades laborales de ningún tipo cargo… Toda esa parte, que yo creo que es la que me empuja y nos empuja a estar en política, es la que el Gobierno está descuidando. Todo lo achaca a cifras y, al final, hay que darse cuenta de que hay miles, millones de personas ahí fuera que lo están pasando mal.

Ignacio AguadoEstáis intentando hacer «nueva política» desde viejas estructuras. ¿Por dónde hay que empezar las obras de reforma?

Hay que cambiar muchas cosas. No podemos olvidar que venimos de 20 años de mayorías absolutas donde la Asamblea era prácticamente una consejería más de la Comunidad de Madrid, donde el debate era totalmente insulso desde el punto de vista de logros políticos porque, al final, las decisiones ya venían tomadas desde el Gobierno regional. Aquí se debatía como si se hiciera un teatrillo, un paripé. La oposición no tenía nunca capacidad para condicionar al Gobierno y la Asamblea había perdido todo el vigor. Ahora, en esta legislatura, han entrado dos nuevos grupos parlamentarios, no hay mayorías absolutas y está cambiando todo. Incluso los miembros del Partido Popular y del PSOE lo reconocen: la Asamblea de esta legislatura no tiene nada que ver con la de la legislatura pasada. Hay debate, hay más presencia de medios de comunicación, y eso implica tener que cambiar también el propio funcionamiento de la Cámara. En eso estamos, trabajando en la reforma del Reglamento para hacerlo más flexible, para que haya más capacidad de interactuar en los debates, para que las preguntas se puedan presentar en un menor plazo, para intentar también introducir la tecnología dentro del propio parlamento porque, a día de hoy, vivimos con unos sistemas obsoletos. Es decir, hay que tocar el Reglamento en muchos temas y adaptar la Asamblea al siglo XXI porque, lamentablemente, se había quedado anclada a finales del siglo XX.

¿Cómo es tú relación con el resto de grupos?

Es una relación cordial. Creo que soy afortunado porque además de con Cristina Cifuentes me toca debatir con tres portavoces parlamentarios más que tienen un carácter afable. Se puede hablar con ellos al margen de discrepancias, son gente bastante accesible, amable en el trato. Es una diferencia bastante importante con respecto a la legislatura pasada donde los debates eran mucho más broncos. La relación entre Ignacio González y Tomás Gómez estaba muy deteriorada, ahora esto ha cambiado.

Los dramas que conocemos nos afectan mucho, pero tampoco soy partidario de llorar en público. Creo que eso tienes que guardártelo para dentro.


¿Volverá a insistir la presidenta en un gobierno de coalición en la Comunidad?

Ya ha insistido, nada más empezar el año lo dejó caer. A ella, evidentemente, le interesaría para estar más cómoda un gobierno donde controlen todo desde Sol y no tenga que rendir cuentas a la Asamblea. Nosotros pensamos que es bueno que no haya mayoría absoluta. Es bueno que exista un gobierno monocolor donde se tomen las decisiones y que desde aquí, desde la Asamblea, lo controlemos y, desde Ciudadanos, les forcemos también a que tomen medidas. No entraremos en el Gobierno, lo dijimos en su momento y lo mantenemos. Fundamentalmente porque no es nuestro proyecto, porque lo que nosotros queremos hacer es llevar a cabo una serie de reformas que entendemos que son urgentes. Creemos que tenemos un proyecto como para liderar un cambio en la comunidad de Madrid. No compartimos el proyecto del Partido Popular. Lo que sí que estamos intentando es teñirlo de naranja todo lo que podemos para que sin gobernar, estando en la posición, sí que se lleven a cabo las medidas que nosotros entendemos que se deben afrontar y que son prioritarias. Gracias al papel de un partido como Ciudadanos donde antes había unas prioridades del Partido Popular ahora van empezando a estar las prioridades de todos los madrileños.

Cada día nos seguimos despertando con nuevos casos de corrupción política. Pese a que venís vacunados, la experiencia dice que el poder corrompe y cuando una institución crece exponencialmente es difícil controlar a todos los garbanzos del cocido. ¿Te da miedo llegar algún día a ver esa situación en tu partido? ¿Tienes miedo de que la política te transforme?

No, sinceramente, a nivel personal no tengo ningún miedo. Los valores los tres de casa y eso no tiene por qué cambiar si te dedicas a la política. El problema viene con las grandes estructuras. Tú te puedes responsabilizar de ti mismo y de lo que haces pero no de miles de personas que te acompañan en un proyecto. Lo que sí que es importante es intentar marcar cuáles son las líneas de actuación y cuál es la actitud que tiene que tomar el partido ante casos de corrupción que pueden darse, como en todas las organizaciones humanas. Lo que hay que estar es despiertos, tener unos mecanismos ágiles ante casos de este tipo, ser expeditivos, que yo creo que es, en definitiva, lo que piden los ciudadanos.

Ignacio Aguado


Una pregunta un poco más personal. ¿Has llorado alguna vez en política o por la política?

No, la verdad es que no. Vivo la política con mucha intensidad pero sabiendo que, al final, soy un elemento más dentro de un partido político. Tengo que dejarme la vida, y de hecho lo hago todos los días, para que salgan las cosas bien pero intento mantener las emociones al margen para que no me afecten en mi día a día y en la toma de decisiones. Creo que no se pueden tomar decisiones viéndote afectado emocionalmente, hay que esperar a estar con la cabeza fría para decidir. Eso es lo que intentamos hacer. Evidentemente, hay muchos temas que te afectan y, a medida que entras en casos concretos, vas viendo verdaderos dramas de personas que lo están pasando mal, que tienen problemas diarios… Y eso te afecta, evidentemente. Bueno, pues intentamos ser lo más cercanos posible. Nos afecta mucho, pero tampoco soy partidario de llorar en público, creo que eso tienes que guardártelo para dentro, te vas a casa con una sensación un poco desagradable pero los ciudadanos nos han votado para estar aquí.

Lo que sucede en Cataluña más lo que no acaba de suceder en el resto del país tras el 20-D conforma un cóctel explosivo que nunca antes habíamos manejado. ¿España se rompe?

España está cambiando mucho socialmente y eso se traslada políticamente. El cambio político llega después de un cambio social importante en términos democráticos y en términos económicos. Ya no somos la España de la transición, somos una España que ha evolucionado mucho democráticamente y las prioridades y exigencias que ponemos encima de la mesa son otras. Lo que nos toca a partidos como Ciudadanos en intentar entender lo que está pasando en la calle y trasladarlo al plano político haciéndolo lo mejor posible. Ahora mismo tenemos un problema importante en Cataluña, fruto de un discurso nacionalista excluyente que lo que busca, fundamentalmente, es separar a la sociedad catalana, dividirla en dos —y lo ha conseguido, de hecho—, y también separar al conjunto de Cataluña del resto de España. Eso hay que solucionarlo haciendo política. No solamente vale con recurrir la ley, que por supuesto es una obviedad, la ley hay que cumplirla. Pero, al margen de aplicar la ley, hay que poner encima de la mesa un proyecto atractivo de país que convenza a los que no votan a Ciudadanos y a los que, a día de hoy, no creen en un proyecto común entre españoles, de que es la mejor opción, de que no vamos a ningún lado con proyectos donde se piense en levantar fronteras, donde haya una comunidad como Cataluña que pueda vivir al margen de la Unión Europea. En pleno siglo XXI, cuando tienes que competir con potencias mundiales, no tiene ningún sentido el mirarte permanentemente el ombligo e intentar separarte del resto de España.

Pero eso cómo se hace.

Hay que explicarles claramente los problemas que surgirían como consecuencia de la separación de Cataluña del resto de España, intentar convencerles con un proyecto de país donde se reforme la Constitución para evitar nuevos casos de corrupción, donde se incida en la separación de poderes, donde tengamos mejor y más justicia. Habrá que presentar un pacto por la Educación, algo que es baluarte del proyecto de Ciudadanos. Es decir, habrá que poner encima de la mesa proyectos concretos que vuelvan ilusionar, y eso hay que hacerlo en Cataluña y hay que hacerlo en el resto de España.

En pleno siglo XXI, cuando tienes que competir con potencias mundiales, no tiene ningún sentido el mirarte permanentemente el ombligo e intentar separarte del resto de España.

Y en lo que respecta al incierto panorama postelectoral.

Tenemos una situación también delicada donde no hay mayoría absoluta y hay cuatro partidos con una fuerza importante. Hay que ponerse de acuerdo. Creo que los cuatro grupos parlamentarios principales, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos estamos condenados a entendernos y lo que tenemos que hacer es, cuanto antes, dejar la campaña a un lado y establecer un plan, una hoja de ruta para que la legislatura eche a andar y tengamos un gobierno lo antes posible. Eso, evidentemente, siempre y cuando no implique tener que traspasar determinadas líneas como son la igualdad entre españoles, el respeto a la Constitución, el marco de convivencia dentro de un estado de bienestar, la economía de libre mercado… Hay unas líneas mínimas a partir de las cuales se puede negociar y llegar a acuerdos. Eso es lo que pretende Ciudadanos, hablar con todos los partidos políticos, especialmente con PP y con PSOE, que representan a 13 millones de españoles y que, a pesar de los pesares, a pesar de los casos de corrupción y de sus últimas gestiones, siguen teniendo mucho apoyo popular. La opción de buscar una coalición con otros ocho o diez partidos que también tiene encima de la mesa el PSOE, entre los cuales hay independentistas, separatistas, antisistema… ¡No tiene ningún sentido! Vamos a esperar a ver qué hace Pedro Sánchez.

Parece que te da más alegrías tu Atlético de Madrid que tu país. Aunque ayer no tantas.

(risas), no va mal, no va mal la cosa. Ayer (en referencia a la derrota en Liga frente al F. C. Barcelona) tuvimos un desliz, pero no pasa nada (más risas).

Apenas tuviste unos días en Navidad para descansar después de la campaña y antes de volver a la rutina parlamentaria En el horizonte está la posibilidad de unas nuevas elecciones. ¿Cómo valora ese escenario?

Espero que no se produzcan unas nuevas elecciones, fundamentalmente porque los resultados no cambiarían mucho. Creo que volveríamos a ver unos resultados similares a los actuales. No habría, en cualquier caso, mayoría absoluta. Habríamos perdido seis o siete meses de legislatura y de posibilidades de hacer cambios en España y tendría un coste económico también importante para los españoles que no es secundario, 160 millones de euros. Yo creo que no llevaría a nada. El mandato de los ciudadanos es claro: nos han pedido que nos entendamos, no quieren mayorías absolutas. Los ciudadanos ya han hablado y no vale devolverles la pelota otra vez para que vuelvan a decirnos algo muy parecido. El resultado es el que es, cada uno tiene los escaños que tiene y ahora hay que intentar llegar a acuerdos y estar, sobre todo, a la altura del momento político. Como te decía antes, ya no estamos en campaña. Ahora estamos en un momento en el que hay que tomar decisiones, tiene que primar el interés general por encima del interés del partido. Si aún así no somos capaces de llegar a ningún acuerdo ni hacer entre todos que arranque la legislatura y que haya un gobierno para España pues habrá que ir unas nuevas elecciones.

Ignacio Aguado¿Cambiaría algo vuestro mensaje?

El escenario, aunque queda lejos y yo espero que no se cumpla, sería exactamente igual al que hemos tenido hasta ahora. Intentar demostrar que Ciudadanos tienen proyecto de país, demostrar que somos la alternativa real de gobierno, que vamos a seguir creciendo y que el centro político de España tiene un nombre y un apellido que es Ciudadanos y va a ser clave en los próximos años, o bien desde el Gobierno, o bien desde la oposición, pero en cualquier caso jugando un rol fundamental en este país.

En la campaña Rivera os pidió juego limpio. El mismo que otros partidos no tuvieron con vosotros. ¿Os arrepentís de algo?

Nosotros en la campaña hicimos cosas bien y otras quizá no tanto. Hay que ser autocríticos, de hecho lo fuimos. A pesar de haber pasado de cero a 40 escaños mientras algunos han perdido uno de cada tres votos, nosotros sí que hicimos autocrítica. Es algo que eché de menos en otros partidos que se dejaron en el caso del PP 66 escaños y en el caso del PSOE 20. Nosotros preferimos poner en valor lo que hicimos bien y también analizar lo que hicimos mal. Lo hicimos, hicimos una rueda de prensa, pedimos un informe interno y ahora lo que toca es, evidentemente, intentar mejorar. En esa línea estamos. No se trata tanto de cambiar de estrategia como de seguir fieles a lo que somos. Somos un partido que no venimos al «y tú más» ni a criticar gratuitamente al rival, sino a intentar convencer a los españoles de que somos una opción sensata, que venimos a hacer otro tipo de política. La idea sería seguir haciendo exactamente lo mismo, sin entrar en el discurso destructivo sino proponiendo y poniendo en valor las propuestas que llevamos en el programa y que entendemos que son necesarias. A día de hoy tenemos los escaños que tenemos y en las siguientes elecciones, si se produjeran, habría que intentar superar ese nivel de 40 y ser cada vez más importantes en el panorama político español.

En el encuentro de algunos candidatos con estudiantes universitarios a Rivera y a Iglesias les afearon el no controlar sobre Kant. ¿Un político tiene que saber de todo?

No, yo creo que no. Al final, los políticos somos personas igual que el resto. Lo que tenemos que hacer es tomar decisiones y para tomar decisiones es aconsejable estar bien formado, tener experiencia y saber de lo que estás hablando pero, en cualquier caso, no tienes por qué saber de todo. Esa es otra de las cosas que hay que empezar a cambiar también en la sensación de la gente: los políticos pueden saber de un tema, o de dos, o de varios, o de todo un poco, pero para eso tienes a personas que te asesoran, tienes compañeros en los escaños que son especialistas en distintas materias. Hay que trasladar también hacia la ciudadanía la sensación de normalidad, de que somos personas normales que intentamos hacer las cosas bien, que intentamos formarnos todo lo que podemos sobre los temas para legislar con el mayor sentido posible pero que no somos omniscientes y tenemos ese doble desafío de aprender y de luego ser capaces de ejecutar y ejecutar correctamente.

Los ciudadanos ya han hablado y no vale devolverles la pelota otra vez.

Decía el mismo Kant: «El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca». ¿Llegará el día en que hablar el diálogo y pactos sea algo natural?

Llegará el día, seguro, como pasa en el norte de Europa, donde los pactos son habituales. El problema es que en España hemos vivido 30 años con dos bloques, con la derecha y la izquierda, con el PP y el PSOE, y ellos mismos se encargaban de no dejar espacio político para otras opciones. Pero en Europa el espacio de centro político liberal lleva existiendo muchos años, de hecho gobierna en siete países y convive con normalidad con los conservadores y con los socialdemócratas. En España tenemos esa tarea pendiente. Desde luego, yo creo que Ciudadanos ha hecho una labor importante por abrir ese espectro ideológico aquí y porque la gente cuando piense en centro político pueda pensar en un partido en concreto. Lo que hay que hacer ahora es reforzar esto, algo que forma parte de la madurez democrática. En este país veníamos de una dictadura donde no había opciones políticas, entramos después de la transición en un panorama político donde únicamente se jugaba con dos partidos y ahora el campo de juego se ha abierto a más alternativas. El que surjan partidos nuevos siempre es positivo. Cuando la gente tiene donde elegir y puede elegir un partido político porque cree en lo que dice y no porque es «el menos malo» es bueno.

Una pregunta un poco más personal. ¿A qué le tiene miedo Ignacio Aguado?

Tengo miedo a que me falten los míos, a que tengan enfermedades, a que las cosas no salgan como espero, a fallar también a los que me rodean y a los que confían en mí y en que lo voy a hacer bien. Pero, en cualquier caso, pienso más en los sueños que en los miedos, pienso más en el objetivo que tenemos en mente, personal y profesional y de partido, y eso es lo que me mueve. Los miedos están ahí, siempre los vas a tener, pero al final si no los pones a raya te bloquean y no te dejan hacer lo que quieres ni perseguir tus sueños, que es para lo que estamos aquí. Así lo veo en mi vida y en política. Ciudadanos, sin ir más lejos, surge de un sueño, que es intentar cambiar las cosas, primero en Cataluña y luego en toda España. A nivel personal, igual. Yo creo que hay que tener sueños en la vida, sueños de realización personal y sueños profesionales, pensando hasta dónde quieres llegar en tu carrera.

Tienes más ganas que miedo, como decía Rivera en campaña.

Exacto, yo creo que hay que poner siempre las ganas por delante, porque lo otro no aporta. El miedo estará siempre ahí pero no te permite crear ni construir. Lo que te permite avanzar es tener ganas, tener sueños, tener ilusión. Ya sabes: «Imposible es sólo una opinión» (risas).

Los miedos están ahí siempre, pero si no los pones a raya te bloquean y no te dejan perseguir tus sueños.

¿Te da tiempo hacer deporte?

Ahora poco. Antes pasaba prácticamente todo el día en el agua, en la piscina. Ahora no. Cuando tengo tiempo salgo a correr, hago gimnasia, pero la verdad es que no todo lo que debería.

¿Sigues el día la actualidad del sector energético?

Bueno, de vez en cuando. Me gusta estar al tanto de lo que está pasando porque me dediqué muy en profundidad a intentar vaticinar posibles cambios en este sector, ese era mi labor dentro de la empresa. Pero no puedo seguirlo tanto como me gustaría.

Ignacio Aguado

¿Volverás a la empresa privada?

Seguro que sí. Sí, esta etapa de mi vida durará unos cuantos años, no sé cuánto tiempo, pero no será para toda la vida. A mí me gustaría volver a la empresa privada o tener un proyecto profesional propio. Tengo otras inquietudes en mi vida más allá de la política. Mientras me dedique a ella quiero hacerlo en cuerpo y alma para intentar cambiar las cosas, intentar aportar mi granito de arena y arrimar el hombro a un proyecto en el que creo, que es Ciudadanos. Pero también, y te soy sincero, con la libertad de que en cualquier momento, si un día no me convence, si un día me desilusiono o si un día decido que ya no estoy a gusto, me podré ir y tener mi profesión y una empresa a la que seguir aportando. Hemos visto en los últimos años en España que la política se convertía en una profesión en lugar de ser una vocación temporal a la que le dedicas unos años de tu vida antes de volver a la tuya.

Cuando llegue ese día cuál te gustaría que fuese tu legado, cómo le gustaría ser recordado.

Como una persona cercana, uno más que tuvo a la posibilidad de hacer cosas por su país y que puso su granito de arena para que las cosas funcionaran poquito mejor, nada más. Si lo consigo o no lo consigo habrá que ver pero, en cualquier caso, horas y horas y trabajo y ganas le estamos echando todo lo que podemos.

Y sí se puede, que diría aquel. */