Raúl Marina: «David Delfín mostraba el lado más doloroso del ser humano para crear belleza a través de él»

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Diego David Domínguez González, David Delfín (Ronda, 2 de noviembre de 1970-Madrid, 3 de junio de 2017), no sucumbió a la pobreza de permanecer siempre en el mismo lugar pero defendió hasta el final de su vida la misma ilusión. Él, que concibió sus creaciones como una terapia, a la manera de su propio diario personal, nos dejó tras de sí un legado que sigue provocando, en el más hermoso de los sentidos, a quien se deja interpelar. Antes de que el orden del mundo estallara por los aires en forma de pandemia dialogamos con Raúl Marina de Diego (Aranda de Duero, 1982) que, como comisario de la Exposición ‘David Delfín’ presenta al espectador una propuesta creativa propia a través de la del diseñador. Los juegos de luz y arquitecturas de este soriano (o, mejor dicho, sanestebeño), de corazón y por derecho, se entremezclan con las obras y las ideas del malagueño para llevarnos por un viaje conceptual y experiencial a través de su obra y sus ideas, una travesía que nos revela una imagen de David a veces intuida pero muchas otras desconocida. Haciendo arte desde el arte, en estas líneas hablamos de dolor, de reivindicación y de vida… Porque siempre triunfa la vida.

Fotografía: Juan F. López


Acercar una figura como la de David Delfín al gran público es un reto y una responsabilidad. Habrá mucha gente que lo vaya a conocer a través de tu mirada.

Desde el primer momento, cuando yo planteo la exposición sobre David Delfín lo que procuro sobre todo es, aunque quizá suene muy poético, partir de él mismo, de su idea, de su concepto acerca del arte y no solamente de la moda. Pienso cómo a él le gustaría crear una exposición propia. Así, desde David, concibo la muestra, su diseño arquitectónico y la instalación proyectada en la cuba del antiguo depósito de agua que es hoy esta sala de exposiciones. Ha sido una experiencia que no había tenido con otras muestras anteriores que he comisariado aquí como la de «Manuel Pertegaz» o «Modus. A la manera de España». Al final, David era una persona a la que conocí personalmente, con el que coincidía en muchos planteamientos artísticos y en muchos referentes. Es alguien que nos queda muy cercano, no sólo a mí sino a todos los visitantes porque, desgraciadamente, lo perdimos hace tres años. El punto de vista siempre fue desde el respeto y desde esa idea de crear algo que lo representase desde mi humilde conocimiento sobre él y de lo que se sintiese orgulloso.

El reto es doble porque has tenido que clasificar u ordenar (en espacios, en temáticas…) a alguien que de por sí era inclasificable. Quizá sería muy limitado hablar de él solo como diseñador, como modisto o como creador.

Exacto. Yo tenía muy claro también que quería mostrar en esta exposición no solamente el David Delfín diseñador. Al final para mí, y creo para mucha gente, David Delfín era un creador multidisciplinar que, partiendo de conceptos, se desarrolló sobre todo en el mundo de la moda pero llegó a él de una manera accidental. Había una necesidad de representar todas sus colecciones siguiendo cierto orden cronológico pero también de mirarle desde un punto de vista mucho más artístico. Partí, en la capilla inicial de la planta baja, de «Sans Titre», su primera colección, que no estaba planteada como tal. En realidad David Delfín llega a finales de los ochenta a Madrid y se desarrolla como artista: pinta, hace cabaret, es bailarín, es actor…  Buscando nuevos soportes, decide trabajar sobre camisetas y ropa de segunda mano o prendas militares. Con ese ejercicio, en el que homenajeaba a uno de sus artistas referentes, Joseph Beuys, la élite fashion del momento en las revistas se enamora de esa colección, entrecomillada, y quieren sacarla en todas sus editoriales. Ese fue el primer empujón en el que, de repente, David sintió que la moda podía ser también un camino. A partir de ahí llegaron dos ediciones del Circuit y su tan sonada primera vez en la pasarela Cibeles.

Para David Delfín su trabajo era una traducción de sus ideas y sus emociones.

Descubrió en la moda una vía lícita para expresar su mundo interior.

Para él su trabajo era una traducción de sus ideas y emociones. Así es como le gustaba definirlo. Todo ese mundo interior que tenía, toda esa dicotomía hacia las cuestiones existenciales propias del ser humano, está representada en sus colecciones y siempre tiene una base muy importante artística pero también existencial. No solamente hay un juicio estético sino algo que va mas allá, que se acerca más a una experiencia propia de él y a una experiencia que quiere que también vivan y experimenten las personas que, al final, compran sus piezas.

David era capaz de buscar la inspiración lo mismo en el surrealismo de Buñuel que en la Bauhaus. ¿Cómo anda de discurso actualmente la moda española?

Al principio a David le comparaban con diseñadores como Margiela, con esa idea de la moda de los belgas donde pesaba mucho el concepto y las ideas que apoyaban la creación, más allá de, simplemente, el hilo y la aguja. Pero en David el compromiso fue radical; se abrió en canal, por completo, y eso es un ejercicio muy valiente. La figura de David fue muy especial en el mundo de la moda, sobre todo en España, y hoy en día creo que el suyo es un hueco imposible de recuperar. Era un creador muy personal y muy particular. Hay muchos diseñadores que han encontrado inspiración en el arte. Podemos citar, por ejemplo, un Saint Laurent con la colección que hace sobre Mondrian o a otros muchos. Ellos buscaron la idea de plasmar estéticamente unos determinados cuadros. Pero el compromiso de David con el arte supera lo estético. Con Joseph Boyce va más allá de la Cruz Roja. Imprime directamente esas frases: «Muestra tu herida»… Y viaja al concepto. Para mí, dos de los adjetivos que definen a David Delfín como como creador son valiente y generoso. Él se abrió por completo. Hoy en día en el mundo de la moda encontramos diseñadores españoles que plasman también sus ideas, su interior. David fue muy generoso en ese sentido y abrió una puerta también a muchos otros que ahora trabajan desde ahí.

En David el compromiso fue radical; se abrió en canal, por completo, y eso es un ejercicio muy valiente.

Esa generosidad, el abrirse tanto, entrañó a veces también dolor. David sufría por las críticas.

Pues mira, las críticas las llevaba mal y bien. De hecho, he querido abordar también ese aspecto en esta exposición. Al abrir la puerta encontramos la colección «Cour des Miracles», que fue muy polémica. De su primera colección en Cibeles recibió unas críticas tremendas por parte de la prensa por ser mal interpretada. Hubo gente que quiso encontrar relación con la guerra de Afganistán, la situación de la mujer árabe, etc. Cuando en realidad es una colección donde vemos la inspiración, claramente, en Los amantes, de Magritte; las hormigas de Un perro andaluz o Viridiana, de Buñuel; la Corte de los milagros en Nôtre Dame de Paris, de Víctor Hugo… Ahí los referentes son claros y para él fue un primer golpe muy duro. Sí que es verdad que esas primeras críticas le dolieron pero le sirvieron a la vez como un revulsivo para seguir defendiendo ese mundo y ese universo tan particular que le caracterizaba. De hecho, su siguiente colección, «In loving memory», fue oscura. Las alusiones a la muerte estaban muy presentes con la idea de la calavera y tenemos arriba un documento, un poema, que está dibujado de dos maneras, desde la típica a un caligrama en forma de calavera donde, sintácticamente, se rompen las palabras para crear ese dibujo. Al final, como artista interdisciplinar, se acerca a esa idea del artista simbolista de Apollinaire.

Todo artista debe practicar cierto ejercicio de generosidad para saber que en algún momento, cuando en el proceso entra el público, la obra deja de ser suya.

Sí, totalmente. De hecho, desde mi punto de vista, yo creo que David no tenía un fin directo con sus creaciones hacia el cliente o el público. Al final, él hace un ejercicio de crear lazos, construir tensiones existenciales a través de sus piezas; por un lado, desde sus creaciones hacia él porque, para él, el acto creativo era como una manera de terapia; y, por otro, para que la clienta o el cliente experimentasen de alguna manera también desde sí mismos, sin ninguna pretensión, sin ningún objetivo claro, sino dejando libertad. Sobre el tema de la crtíticas que comentábamos, en esta exposición hay una carta que él recibió de una señora catalana [con referencia al a su colección «Cour des Miracles». Era una carta que guardaba con mucho cariño pese a que es una crítica absoluta a esa colección. La señora, básicamente, le compara con Balenciaga y le dice que él nunca habría hecho algo así, que nunca en la vida ninguna mujer elegante iba a vestir nada suyo como diseñador… La carta era muy dura pero él la guardaba con cariño porque las críticas le servían también para construir.

Para él, el acto creativo era como una manera de terapia.

Hay quien ve en el arte solo la función estética, unos piensan que debe complacer, otros que debe elevar… Aquí podemos enfrentarnos a claros ejemplos del arte al servicio de la provocación y la denuncia pero también, como dices, David dejaba ese margen amplio de libertad para la experiencia personal.

Totalmente. Todos los movimientos que han existido a lo largo de la historia del arte son válidos, los que tienen que ver con la denuncia y los que no. Los cuadros del Renacimiento o del Barroco que plasmaban escenas religiosas son maravillosos lo mismo que lo son las obras de artistas como Joseph Boyce o Boltanski. Al final, David, a través de sus creaciones y sus diseños, más que denuncia hacía cierta defensa, como por ejemplo del concepto de lo agender, que hoy esta tan desarrollado en la industria de la moda. Ese concepto de lo andrógino es algo que David defendió desde el primer día. Ahí tenemos a su musa, Bimba, que representaba la modelo andrógina por excelencia. Y no se trataba de esa idea del hombre-mujer y la mujer-hombre, sino de una idea de uniformar en la que el género desaparecía. Por eso me gusta pensar que más que denunciar él defendía esos conceptos con los que mostró muchas veces la crudeza de la vida hasta conseguir encontrar belleza en ella.

Transitó permanentemente ese camino del dolor a la luz.

Para mí la primera acción artística de David Delfín es ese ejercicio que hace con su caligrafía. Creo que en ese momento define quién es y en quién se va a convertir durante toda su carrera. Él elige, siendo diestro, utilizar la mano izquierda, buscando la capacidad en la incapacidad, la belleza dentro del dolor, desde lo menos amable. Procuraba siempre sacar, esa parte del inconsciente, el lado más doloroso del ser humano, y crear belleza a través de ello.

Busca la capacidad en la incapacidad, la belleza dentro del dolor.

Nos regaló un concepto de belleza muy amplio. Por ejemplo, no apoyaba la delgadez, pero decía que podía encontrar en ella belleza.

Eso es lo maravilloso de David, el respeto que tenía a todo y su visión tan amplia del concepto de la belleza. En él desaparece el juicio y vuelve la inocencia, que vemos en sus bocetos o en su caligrafía. Hay cierta torpeza, cierto toque infantil y naíf en sus dibujos y en su caligrafía y vemos esa parte inocente donde no existe el juicio.

Se echa de menos esa falta de juicio en un mundo en el que tantas veces se confunde el derecho a opinar con el de censurar.  Él refería cierta regresión respecto a la libertad que se vivía, por ejemplo, los 80. ¿Las propuestas creativas siempre van un poco por delante de la sociedad?

Vivimos en una sociedad donde existe cierto concepto de puritanismo según el cual hemos de respetar todo y, sin embargo, al mismo tiempo todo es también criticable y puede parecer ofensivo para alguien. Al final esa libertad que se daba en los ochenta o incluso antes parece coartada. Por eso el mundo del arte tiene que adelantarse siempre a la sociedad y liberarla de esas cadenas que nos imponemos nosotros mismos.

Hemos hablado del universo creativo de David pero tu caso tampoco es fácil de clasificar. Historiador del arte, gestor cultural, modelo y todo tu mundo interior, que no se puede resumir en un papel. ¿Cómo es el universo creativo de Raúl Marina?

Desde el primer momento yo elegí carreras no por una cuestión de salidas sino buscando que para mí fuesen vitales y me desarrollasen como como persona. Como bien dices, soy historiador del Arte, también actor, estudié diseño de moda, que es donde conocí también a David y pude compartir muchas referencias artísticas e ideas del concepto de moda. Por mis estudios, yo partía siempre del mundo del arte y para mí la moda era algo más que simplemente vestidos, era una forma de expresión. Yo no sabría definirme a mí mismo, y creo que sería un acto bastante pretencioso hacerlo; pero, al final, todo a lo que me he dedicado y lo que he ido desarrollando ha partido siempre desde la libertad y ha sido, como dice David, un acto de terapia, de liberar tensiones, de expresarte cómo eres y expresar lo que piensas o en lo que crees.

Todo lo que he ido desarrollando ha partido siempre desde la libertad de expresarte cómo eres y lo que piensas o en lo que crees.

Todas esas referencias las plasmas también a la hora de poner en pie una muestra como esta.

Totalmente. Yo me planteo la exposición de David y no solamente pienso en la selección de unas piezas. No consiste simplemente en representar todas las colecciones y seleccionar una parte de ese carácter interdisciplinar de David con documentos, bocetos, videoarte, música, etcétera. Yo entro aquí y necesito vestir esta sala para David Delfín. Hablamos de una sala muy especial al tratarse de un antiguo depósito de agua. Partiendo del diseño arquitectónico concibo este juego de luces simulando un desfile de neones distribuidos para iluminar cada pieza, haciéndola a la vez mucho más especial, con una luz fría que permanece y da cierta serenidad. No se trata de una elección aleatoria. Los hilos hacen referencia a una de sus colecciones, Cuerpo Extraño. ¿Por qué? Porque de alguna manera yo estoy creando una exposición en un cuerpo extraño como es en realidad este antiguo depósito de agua.

Con muchas peculiaridades, como la cuba.

En la parte superior de la estructura, la cuba, he querido crear una instalación que hablase también de David y de su idea a la hora de crear. En este caso, lo hago partiendo de un diseño de su colección Playback en el que vemos un look donde la parte de arriba es, en realidad, mitad camisa y mitad chaqueta. En ese diseño parece que la parte de los hombros de la chaqueta ha sido mutilada. Ese concepto lo llevo al edificio en sí, mutilando esa parte de arriba, como si abriéramos la cuba directamente al cielo; un cielo que, al mismo tiempo, hace referencia también a ese universo creativo de David, el cielo de Madrid, el mundo del inconsciente, el universo de los sueños de Freud, esa idea de yo… Cada detalle, cada idea, desde los maniquís hasta las estructuras hablan de David y no son una elección aleatoria.

Hay mucho de creación y de arte también en la propuesta de maridar un espacio con características tan concretas como este con unas obras especiales como son las de David. La labor del comisario es clave pero muchas veces muy desconocida. ¿Cómo fue la génesis de esta propuesta?

Hay un primer momento en el que la soledad del comisario es necesaria. Cuando planteé la idea de hacer una exposición en torno a David pensé en los porqués y en el valor que tenía. Este año es especial ya que en el 2020 cumpliría 50 años y 20 en el mundo de la moda. Me parecía una fecha redonda. Aunque, muchas veces me han preguntado: «Pero, ¿por qué ahora?». Y, muchas veces, la respuesta es: «¿Y por qué no?». Al final un genio no tiene un momento en el que tenga que ser valorado.

Y a partir de ahí empiezas a darle forma.

Lo primero fue pensar qué es lo que quería mostrar de David, qué es lo que deseaba que el visitante se lleve a su casa, qué reflexión quería que hiciera a través de esta exposición. No busco que venga, simplemente, a ver una sucesión de vestidos. A partir de ahí, llegó el contacto con Gorka Postigo como representante de la marca ‘David Delfín’, esa plataforma interdisciplinar que definió algo que no se había hecho antes en la moda española, con los hermanos Postigo, Gorka, Deborah y Diego, y con Bimba Bosé.

David, a través de sus creaciones y sus diseños, más que denuncia hacía defensa.

Tuviste acceso a un material único.

Tengo que agradecer enormemente a Gorka el abrirme por completo todo el archivo y permitirme bucear en él. Ese fue un trabajo también muy complicado porque David tiene una producción inmensa. Ha sido una selección difícil. Tiene que estar como protagonista la moda y representadas sus más de treinta colecciones pero también el carácter del artista. Ahí entró el juego el trabajo de selección de documentos interesantes para mostrar al público. David era una persona muy expuesta, conocemos muchas editoriales, muchas fotografías. La gente está bastante acostumbrada a ver su obra. Yo quería mostrar también algo de su parte más íntima. Por eso encontramos una selección de textos y poemas donde descubrimos lo que pudo ser la semilla de la que crecían al final las colecciones. Posteriormente vinieron las reuniones con los arquitectos, el fotógrafo, la diseñadora gráfica encargada del catálogo… Entre todos fuimos construyendo algo muy bonito.

El catálogo que es también en sí una pieza muy especial, un anexo a la propia muestra.

Y un ejercicio de belleza. El catálogo también se concibe como un objeto. Yo tenía muy claro que quería crear una experiencia en torno a él. Todas las páginas son dobles, hay que introducir la mano para troquelarlo. El lector está obligado a manipularlo para descubrir las fotos. Es algo que también habla de David con esa idea de abrirse por dentro, descubrir, mostrar la herida… Y esa idea del dolor.

Dolor y belleza, que en David rompen toda dicotomía. */

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